El Colegio “La Inmaculada” de Santa Cruz de Mudela, es un edificio de estilo historicista, que conserva un rico artesonado y una bóveda pintada, en la que destaca su decoración barroca.
En 1905, cuando Santa Carmen Sallés, como “monja andariega” al estilo de Teresa de Ávila, recorría la llanura manchega, en uno de sus viajes, con motivo de la fundación del colegio de Pozoblanco, y a la vista de las necesidades docentes y educativas en que se hallaban las poblaciones de Andalucía y La Mancha, se decide a pasar por Ciudad Real, para hablar con su Obispo, Don Casimiro Piñera y Manero, que acoge con agrado la propuesta de Madre Carmen, ofreciéndose a ayudarle.
El Obispo, después de estudiar detenidamente las Reglas y constituciones del nuevo Instituto, y tras recibir la petición de manera oficial, autoriza a que las Concepcionistas se establezcan no sólo en Almadén y Valdepeñas, sino en cualquier otro punto de su Diócesis.
La fama de los trabajos que las Religiosas llevaban a cabo en Valdepeñas, por medio de las familias de las niñas que, desde Santa Cruz de Mudela iban allí, van a ser los principales promotores en la nueva fundación de la congregación en Santa Cruz de Mudela.
Dada la proximidad con Valdepeñas, Madre Carmen, en principio, se resiste a admitir la fundación, pero ante la insistencia y buena disposición del pueblo, se inician los primeros trámites, que a pesar de la dificultad, tuvieron feliz acogida, gracias a la labor de los hermanos D. Benito y Doña Rosario Laguna.

Éstos, venían sosteniendo en el pueblo, escuelas para niños y niñas, sufragando ellos todos los gastos, tanto del personal docente, como del material del edificio y menaje.
Anhelaban, dotar al pueblo de una Institución Educativa que asegurara mejor la formación humano-cristiana de los jóvenes de la localidad.
Estaban ellos en esta idea y en cómo llevarla a cabo, cuando empezaban en el pueblo los primeros rumores sobre las Concepcionistas de Valdepeñas, elogiando tanto su obra como su acierto educativo. Los entusiastas partidarios de las Religiosas, aprovecharon la coyuntura para interesar a los Sres. Laguna, quienes vieron desde el principio el medio providencial de llevar a efecto sus deseos.
La primera entrevista fue en agosto de 1904, con las Madres Candelaria Boleda y Lourdes Alonso, que, comisionadas de Madre Carmen, llegaron a Santa Cruz para estudiar de cerca la propuesta de fundación, el estado del inmueble, residencia de las Religiosas y el destinado para colegio.
La casa, por hallarse durante bastantes años deshabitada la encontraron muy deteriorada. Era grande, con jardín y tenía anejas otras varias casas de labranza. Con todas ellas, hechas las debidas reparaciones, quedaría espacio para un buen colegio.
El pueblo, por el momento, se comprometía a hacer las reparaciones y obras más urgentes, así como habilitar y amueblar las clases, hasta dejarlas para su utilización inmediata.
Los hermanos, D. Benito y Doña Rosario Laguna, se entrevistarían en Madrid, con Madre Carmen, en octubre de 1904, ofreciéndole las condiciones, así como las necesidades y exigencias de la fundación.
Las Religiosas ocuparían la mitad de la casa, en usufructo durante 20 años, corriendo por cuenta de los donantes, además de la conservación y reparaciones, el material y menaje de las clases, la instalación y, más adelante, la construcción de la Capilla.
Los hermanos y varias personas de la población, se comprometían a pagar el sostenimiento de una clase de treinta niñas pobres, cuyos padres no pudiesen sufragar los gastos de un colegio.
Las Religiosas, por su parte, además de aceptar la citada clase, que se le denominaría de “San Faustino”, en memoria de la señora, propietaria de la casa y tía de los hermanos Laguna, tenían el derecho de poder admitir toda clase de alumnas, tanto externas, como internas, si fuera el caso.
Así, todo dispuesto, se pensó en abrir el colegio tan pronto se recibiese la autorización, hecho que tuvo lugar el 8 de julio de 1905. Al acto, acuden desde Valdepeñas en carruaje, las Madres Carmen Sallés, Superiora General y Fundadora, Providencia Esquiroz, Secretaria General, Candelaria Boleda y Pilar Esquiroz.
La bendición de la Capilla, entonces provisional, en una sala de la casa, se verificó el día 8 celebrando la misa Don francisco Bermúdez Flores, párroco de la Villa, con la asistencia del Clero y autoridades, al frente de su alcalde, D. Julián Amorrich.
El día 10, quedan abiertas, oficialmente, las clases, con un total de 70 alumnos, que se distribuyen en cuatro aulas: “La Purísima”, “Virgen de las Virtudes”, “San José” y “San Faustino”. La madre Superiora que se hace cargo de las riendas de la institución es Madre Candelaria Boleda.
El colegio de Santa Cruz de Mudela, recibió el apoyo y protección constante de los hermanos Laguna. En 1908, elevan a Escritura Pública el convenio verbal que hicieran con la Superiora General.
Fallecido D. Benito, en 1911, su hermana Dª Rosario, quiso, en memoria suya, fundar una clase de párvulos. En el solar de la misma casa, n la parte a ella reservada, edificó dos amplios salones para un total de 100 alumnos, de ambos sexos, dotándolo de un extraordinario material escolar y pedagógico. Ambas plazas, por disponer la comunidad de la titulación conveniente, fueron subvencionadas por el Ayuntamiento y asignadas a las Religiosas.
El celo de Doña Rosario Laguna, la fundadora, como era denominada por las Religiosas, a favor de su pueblo natal era constante. No había necesidad por ella percibida, que no se sintiera llamada a remediarla.
Deseando ampliar la fundación y extender los beneficios de la formación a un número cada vez mayor de niños y niñas, Doña Rosario, hizo cesión del resto de la casa, estableciendo cuatro clases graduadas, gratuitas, para ciento sesenta alumnas, regentadas por cuatro Religiosas, para lo que constituyó un capital cuya renta cubriera, además de la retribución de las profesoras, los gastos de mantenimiento y material escolar.
Doña Rosario iba, así, cumpliendo uno tras otro, los deseos que los dos hermanos habían acariciado. Sólo quedaba uno: la construcción de la Capilla. El 7 de abril, se coloca la primera piedra. Junto a la primera piedra, introdujeron en una caja, las firmas de todas las Religiosas de la Comunidad, fotografías de la Madre Fundadora, medallas, agua bendita y estampas. El 17 de marzo de 1923, se bendice la Capilla, presidiendo el acto el párroco Antonio Pardo.
La inauguración solemne tiene lugar el 2 de agosto de 1923, con la celebración de la Primera Comunión de 83 niños y niñas. Se trató de un día grande para el pueblo y la congregación.
Doña Rosario, mimó y puso gran cuidado en todo lo relacionado con el culto. Por ello, el altar y retablo, se construyeron de caoba reengruesada y fileteada en oro, con las imágenes de la Purísima Concepción, Santa Teresa de Jesús y San Cirilo Obispo, en memoria de su padre. Hoy, como podemos comprobar, no queda nada de todo lo comentado, pues todo fue destruido en la Guerra Civil. Este edificio en la contienda fue destinado a hospital de sangre.
A la muerte de Doña Rosario, en octubre de 1929, la fundación quedó en las mejores condiciones, siendo considerado uno de los colegios que en la Congregación gozaron de mayor prosperidad. Doña Rosario fallece, asistida y acompañada por la Comunidad, dejando en sus manos la Fundación, por la que en vida, tanto se preocupara y aumentando la subvención, para que no faltaran la Misa diaria, el sostenimiento de la Escuela Dominical y hasta el Seguro de Incendios.
Desde ese momento, los fondos de la Fundación son gestionados y administrados por un Patronato, cuya Junta está constituida, según un Real Decreto, por un Presidente y tres vocales, designados por el Prelado de la Diócesis siendo, al menos uno de ellos, un sacerdote y todos con residencia en la Villa.
En su longeva andadura, el colegio ha vivido diferentes etapas. Todas las religiosas que han pasado por el mismo, han trabajado con ilusión y con el convencimiento de que su presencia en nuestro pueblo, es muy beneficiosa.
Se trataba del colegio más pequeño, y uno de los más antiguos gestionados por la congregación Concepcionista. Su propiedad pertenece al Patronato de María del Rosario Laguna.
